EL COLEGIADO JOSÉ MIGUEL MORALES PONENTE EN LA PRESENTACIÓN DE LA INICIATIVA NURSING NOW EN SEVILLA

11-11-2019

"La campaña persigue elevar el estatus y el perfil de las enfermeras, para empoderarlas y situarlas en el núcleo de los desafíos de salud del siglo XXI"

El pasado martes participó en el acto de presentación de la iniciativa Nursing Now en Sevilla como parte de la mesa de debate “hacia dónde va la profesión enfermera”

  • Por lo que la primera pregunta es obligada, ¿hacía donde va la profesión, o hacia dónde debería ir?

R: Las profesiones en general deben seguir el rastro de la sociedad, no hay otra elección, de lo contrario, se extinguen porque dejan de ser útiles socialmente.  En el caso de la Enfermería, si nos atenemos a las necesidades y demanda de la sociedad actual y en los próximos 20-30 años, hay un norte claro: dar respuesta al enorme desafío que supone la cronicidad, no sólo para los servicios de salud, sino para la sociedad entera. En este sentido, centré mi intervención el pasado martes en la presentación de Nursing Now en Sevilla: en describir cómo la profesión enfermera está situada en una posición privilegiada para liderar las transformaciones que los servicios de salud necesitan para hacer frente a este desafío. Esta transformación requiere que el conocimiento enfermero. - un capital inestimable que ha crecido exponencialmente en los últimos 30 años-, sea puesto en juego en todo su potencial. Para ello, las condiciones en las que las enfermeras ejercen su práctica deben cambiarse radicalmente, ya que son más propias del siglo XX, y deben adaptarse a la realidad actual, para que las enfermeras puedan hacer llegar todo ese conocimiento a la ciudadanía en forma de servicios enfermeros. La cronicidad lo toca todo, se cuela por todas las rendijas del sistema sanitario (pregúntese a cualquier enfermera de Emergencias o Urgencias, o Atención Primaria u hospitalaria) y ahí las enfermeras han de dar la máxima respuesta, sin menoscabo de otras áreas de práctica no relacionadas con la cronicidad, por supuesto.

  • La iniciativa Nursing Now comenzó en el año 2014 y hace unos meses que está cogiendo fuerza en el territorio nacional ¿Cree que una iniciativa como esta es importante en España?

R: La iniciativa no ha tenido la suficiente fuerza en España desde sus inicios. Hace ya tres años de aquel documento seminal Triple Impactque señalaba los tres grandes impactos de la potenciación de la profesión enfermera (mejora de la salud, disminución de la desigualdad de género e impacto económico), y ahora es cuando las distintas organizaciones se están poniendo a hacer los deberes de forma sistemática, inevitablemente, por la proximidad del año 2020, que será año internacional de la Enfermería. En este sentido, somos un país algo “lento” en incorporarnos a iniciativas de este tipo. No obstante, siendo consciente de que es una iniciativa global y que tiene una agenda limitada hasta final del año 2020, claro que es importante, porque ayuda a visibilizar el impacto de las enfermeras en la sociedad, pero, sobre todo, sensibilizará positivamente a políticos y decisores, que es el punto más débil de la profesión en nuestro país. No obstante, hay que ser sensatos y saber que una campaña no traerá todos los cambios que son necesarios para las enfermeras españolas, pero sí que creará unas condiciones que sin la campaña difícilmente se darían. Ese es, a mi juicio, el valor y la oportunidad de Nursing Now.

  • Esta iniciativa surge para poner en valor la profesión enfermera y potenciar la visibilidad y profesionalización de este sector sanitario ¿La enfermería es una profesión minusvalorada en el ámbito sanitario?

R: La profesión enfermera es objeto de múltiples paradojas en cuanto a su valoración social desde distintas ópticas. Si lo miramos desde el punto de vista social, las encuestas del CIS no paran de mostrar repetidamente desde hace una década cómo los españoles consideran a la Enfermería entre las profesiones más respetadas y mejor valoradas. En el terreno académico, la carrera de Enfermería es una de las más codiciadas por los estudiantes y tiene unas notas de corte muy altas.

Pero, en las organizaciones sanitarias, cuando les preguntamos a las enfermeras con distintos métodos e instrumentos, la percepción siempre es convergente hacia un mismo punto: no se sienten suficientemente valoradas, ni respetadas, ni tienen una participación suficiente en la toma de decisiones en la organización. Los estudios además coinciden todos en que médicos y enfermeras tienen distintas percepciones de colaboración entre ellos, en detrimento siempre de las enfermeras. Es más: el concepto de colaboración es muy distinto entre ambas profesiones. La razón estriba en que todavía quedan muchos estigmas en las organizaciones sanitarias (más acentuada en hospitales que Atención Primaria) de relaciones interprofesionales verticales, basadas en modelos tradicionales, con atribuciones y ejercicios de roles que son incapaces de dar respuesta a la complejidad de la actual situación sanitaria.

Sobran las evidencias que demuestran que cuando los profesionales de la salud son capaces de crear entornos de colaboración, con relaciones de confianza, comunicación respetuosa e interprofesionalismo, la calidad de los resultados en la atención sanitaria se dispara positivamente. Cuando esto no ocurre, los eventos adversos y fallos en la seguridad clínica se multiplican, la mayoría de las veces porque la iniciativa y toma de decisiones de las enfermeras, que garantizan la coordinación y actuación preventiva, no puede llevarse a cabo adecuadamente por culpa de rigideces institucionales. Pondré un ejemplo práctico para que todo el mundo lo entienda rápidamente: si a las 3 de la madrugada una enfermera detecta el empeoramiento brusco de un paciente por una insuficiencia respiratoria y tiene que comprobar urgentemente su nivel de gases en sangre arterial e iniciar rápidamente una serie de medidas, dependiendo de cómo sean las relaciones entre miembros del equipo, esto transcurrirá por derroteros muy distintos y, además, legalmente, los hospitales niegan la posibilidad de que una enfermera solicite una analítica urgente de este tipo con su firma (aunque esté perfectamente capacitada para ello), teniendo que recurrir a diversas vías (unas más ágiles que otras) para poder llevar a cabo esta acción, que puede retrasar considerablemente la atención.

Por el contrario, la colaboración interprofesional entre enfermeras y médicos ha demostrado mejoras en los factores de riesgo cardiovascular, en la disminución de caídas, en reducción de infecciones nosocomiales, en la duración de las estancias hospitalarias, en los reingresos hospitalarios, en las visitas a Urgencias, en el control de síntomas, en la satisfacción de los pacientes y cuidadores, en la adherencia a los tratamientos, en la detección precoz de distintos tipos de cáncer, etc, etc, etc. Si las evidencias son tan claras, ¿Por qué persisten aún esas dificultades y barreras? Es la pregunta que se hace todo el mundo. La respuesta hay que buscarla en la cultura de las organizaciones. Ahí es donde debe producirse el cambio definitivo y, supone modificar ciertos valores institucionales, que no son fáciles de cambiar en un plazo de tiempo breve, pero, los decisores deben tener el suficiente coraje para abandonar definitivamente esos modelos organizativos arcaicos. Las evidencias los respaldan y la sociedad ya hace tiempo que ha situado a las enfermeras en el lugar que se merecen, así que no han de tener dudas.

  • ¿Cómo ha evolucionado la profesión en los últimos años?

R: La profesión ha evolucionado de distinta forma según el contexto que se considere y las distancias entre cada uno generan cierta distorsión de la percepción al colectivo profesional. Pero, hay que mirar con perspectiva cada uno de ellos. 

En el plano del conocimiento, la evolución ha sido espectacular. En las tres últimas décadas la ciencia enfermera ha puesto encima de la mesa múltiples soluciones a problemas de salud y, aunque es imposible de resumir, destacaría dos grandes campos: el de la seguridad clínica y el de la efectividad de los nuevos roles de práctica, como es el caso de la Enfermería de Práctica Avanzada.  En el primer caso, en los últimos 20 años, las evidencias han puesto de manifiesto cómo la seguridad clínica recae en su mayor parte en las enfermeras y que cuando éstas escasean, o no tienen el suficiente nivel de competencia, se multiplican los problemas de seguridad clínica, como la mortalidad, las infecciones nosocomiales, los reingresos, las caídas, los problemas relacionados con medicamentos, etc. Se conoce hoy en día perfectamente a través de estudios llevados a cabo en más de 30 países, con millares de pacientes y enfermeras que, si la ratio enfermera/paciente no es adecuada, la mortalidad aumenta. El Consejo Internacional de Enfermeras lo ha dicho muy claro en el posicionamiento que sacó a la luz en 2018: ya no se necesitan más evidencias en este sentido, lo que se necesitan son decisores que tomen decisiones para hacerlas efectivas.

Por otra parte, la investigación sobre la efectividad de los nuevos roles enfermeros ha mostrado reducciones en mortalidad en pacientes con insuficiencia cardiaca cuando se aplican la gestión de casos por enfermeras de práctica avanzada, en pacientes con demencia reducciones de institucionalización, mejora del control de síntomas, mejora de la calidad de vida de los cuidadoras, en pacientes oncológicos, reducción de complicaciones, mejora del control de síntomas, mejora de la accesibilidad, en salud mental mejora de los resultados de la atención a personas con depresión, con trastornos psicóticos, etc, etc. Es una quimera intentar resumir aquí centenares de resultados de investigación que están ahí, día tras día mostrando esta efectividad.

Por otra parte, en el terreno profesional ha habido una evolución importante, que en nuestro país se ha expresado con el desarrollo de algunos marcos legislativos importantes como la LOPS, las especialidades, la prescripción enfermera…pero, todo, está “a medio gas”, es decir, son marcos normativos que permiten que algunas cosas sean posibles, pero, han de hacerse efectivos con políticas decididas que las hagan efectivas. Por ejemplo, la implantación de la enfermera especialista acorde con las necesidades de la población, la consolidación legislativa de las figuras de enfermera de práctica avanzada con puestos orgánicos en la estructura sanitaria, o una aplicación de la prescripción enfermera que haga real la accesibilidad a determinados productos sanitarios y fármacos por parte de la población en condiciones donde la enfermera es la que garantiza esta accesibilidad de forma óptima y efectiva. Si esas medidas no se toman, la frustración que se genera en las enfermeras es importante, porque saben que existe el marco legislativo, pero, no se pone en práctica.

En el terreno académico es donde la profesión ha podido alcanzar la superación de techos de cristal inexplicables, como era el caso del acceso al doctorado y la plena capacidad investigadora de las enfermeras. Las enfermeras tuvieron que esperar 32 años tras su entrada en la Universidad en 1978 para poder acceder al doctorado, algo que, dentro de varias décadas, cuando sea analizado con perspectiva histórica, resultará muy difícil de entender desde la lógica del desarrollo profesional. Afortunadamente, las enfermeras a pesar de todos estos obstáculos no han dejado de hacer los deberes en el campo de la investigación y la Enfermería española ocupa el séptimo puesto de producción científica mundial. Hoy en día hay casi un centenar de grupos de investigación en España liderados por enfermeras, pertenecientes a Institutos de Investigación,  y hay enfermeras catedráticas de Universidad.

En el campo laboral, las enfermeras viven momentos muy difíciles, porque a pesar del aumento de la demanda de cuidados, tanto en la comunidad, centros de salud, domicilios, atención institucionalizada, emergencias, como en el entorno hospitalario, los recursos humanos enfermeros permanecen anémicos, con un déficit de enfermeras insoportable (cerca de 130.000 serían necesarias para situarnos en la media europea) que tiene un impacto demostrado ya en muchos estudios sobre los cuidados que las enfermeras no pueden aplicar (se ven obligadas a “racionar” sus cuidados ante la imposibilidad de atender todo lo que desearían) y sobre la salud mental y motivación de las propias enfermeras. Aún no se han recuperado nuestro colectivo del impacto de la crisis económica, que se cebó especialmente en los recursos enfermeros. Para colmo, como afirma la profesora Rafferty, las enfermeras en las organizaciones además son víctimas del “racionamiento por dilución”, de manera que la enfermera hace de “navaja suiza” resolviendo problemas y atascos de todo tipo, muchas veces que no tienen que ver con la provisión directa de cuidados, y el resto de las profesionales confía en este mecanismo para poder ellos funcionar de manera efectiva. Pero, esto secuestra tiempo de las enfermeras para estar junto a sus pacientes y cuidadores familiares tomando decisiones y proveyendo cuidados que evitan muchos de los problemas que mencionaba anteriormente.

Si una enfermera clínica lee esto, posiblemente piense que su situación no tiene nada que ver con el avance tan impactante que ha tenido la profesión en estos últimos años, pero, precisamente, por eso hago esta diferenciación de contextos, porque esa enfermera tiene que saber que su profesión ha evolucionado de forma espectacular, y que su realidad tiene que ver con otros factores dependientes, en su mayoría, de la asincronía de las organizaciones sanitarias con esta evolución y la falta de coraje político de los decisores para acabar con esa disparidad.

  • ¿Qué busca mejorar Nursing Now y qué podemos exigir a las instituciones para que ponga en valor el trabajo de nuestro colectivo?

R: La campaña persigue elevar el estatus y el perfil de las enfermeras, para empoderarlas y situarlas en el núcleo de los desafíos de salud del siglo XXI. La campaña quiere acabar con el lastre del desempoderamiento sostenido de las enfermeras en las organizaciones, porque en la sociedad sí tienen una consideración elevada, como ya he descrito anteriormente. Por tanto, la pelota está fundamentalmente en el tejado de las organizaciones y sus decisores. Pueden empezar por grandes acciones y propósitos que puede que tarden años en instaurarse…o, ser más pragmáticos, e ir erradicando obstáculos para la toma de decisiones de las enfermeras, favorecer una colaboración interdisciplinar más fluida, situar a las enfermeras en órganos de decisión y participación (pero no sentadas en la esquina de la mesa como cuota políticamente correcta)…No es tan difícil. Los cambios sociales siempre requieren pequeñas acciones que adquieran naturaleza de cotidianeidad…y dejen de ser excepcionales. Gestores y directivos sanitarios lo pueden hacer a partir de mañana mismo si quieren.

  • En su ponencia hablaba de: Necesidades de salud, conocimiento enfermero y servicios de salud ¿nos podría resaltar los puntos más importantes?
R: Muchos de los temas que abordé en mi ponencia tienen que ver con la mayoría de los puntos que he desgranado en preguntas anteriores. De forma resumida, describí la trascendencia de la disciplina enfermera a lo largo del ciclo de la cadena asistencial: la demanda, los servicios (operativizados en términos de conocimiento, recursos y valores) y la toma de decisiones para garantizar la salud de la población. En cada uno de esos elementos, describí cómo hay factores que condicionan absolutamente el devenir de los servicios de salud y de la profesión enfermera y que para que sea efectiva. Finalmente, proponía cuatro grandes pasos que hay que dar ya, sin dilatar ni un día más la espera: acabar con la escasez de enfermeras, fomentar el interprofesionalismo y evolucionar hacia una nueva manera de relacionarse en las organizaciones sanitarias, transformar los servicios de salud hacia la cronicidad (es insoportable que sigamos teniendo hospitales organizados por órganos y aparatos donde no “cabe” el paciente pluripatológico) y “acercar” el conocimiento enfermero disponible a la sociedad para que se beneficie de esos avances de forma sistemática y no oportunista o testimonial.
 
  • Tras la presentación en Andalucía, ¿cuál cree que será el futuro de Nursing Now?

R: Espero que esa sensibilización que la campaña generará en la sociedad y en las organizaciones sea un punto de inflexión y de no retorno. Quiero ser optimista. La historia nos dice que las sociedades se mueven a veces por impulsos que generan una modificación de circunstancias que propician los cambios. Quiero pensar que Nursing Now es eso y no otra cosa. Pero, las enfermeras han de defender que eso sea así.

 

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