HABLAMOS SOBRE LA HUMANIZACIÓN DE LOS CUIDADOS CON EL ENFERMERO FERNANDO ÁLVAREZ

07-02-2019 Victoria Contreras

Fernando Álvarez ha dejado huella a su paso por la UCI de El Clínico donde ha trabajado 25 de sus 34 años de actividad profesional. Tiempo significativo, no solo por sus cuidados enfermeros, sino por la humanización de los cuidados en la que se imbuyó una vez que adquirió un buen manejo en las técnicas. Durante toda la entrevista refleja que la formación del enfermero es una premisa clave para él, que ha sido tutor clínico y no ha dejado de aprender e investigar para hacer mejor su trabajo y consecuentemente su profesión. Ahora “se quita el gorro de quirófano” y pasa a otro capítulo de su vida desde la jubilación.

 
¿De dónde le viene lo de ser enfermero?
En un primer momento no me había planteado ser enfermero, pero en mí había una especie de cualidad en relación a la atención a las personas que me rodeaban. Comencé por algo totalmente distinto por razones familiares: peritaje mercantil, pero nunca ejercí. Posteriormente empiezo a trabajar en un centro de chicos con problemas psico-afectivos. A través del enfermero que venía a atenderlos, empiezo a ver el cuidado como ser humano a los muchachos y la atención a los problemas sanitarios, desde el punto de vista médico-enfermero. Sin querer y poco a poco se fue germinando en mí que el cuidar a esos muchachos era una responsabilidad mayor y pensé que Enfermería podría ser mi profesión. En ese momento me voy de celador al Hospital Civil y, viendo a mis compañeros trabajar, me planteo hacer enfermería. Y cuando empecé la carrera, supe que era lo que en mi estaba desde siempre. Compaginé mi trabado de noche con las obligaciones académicas por la mañana. Vi claramente que era mi lugar. Fue muy satisfactorio.
 
¿Cómo recuerda esos primeros años en la profesión?
Estaba tan preocupado con mi responsabilidad, muy afincada en mí desde niño, que llevaba a mucho nerviosismo. Recuerdo la sala 11, Medicina Interna, del Hospital Civil. Yo solo tenía que llevar a 35 enfermos por la tarde. Lo viví como una especie de caos positivo, como un reto al que enfrentarme con una responsabilidad ante cada persona, y tenía que dar respuesta. Mis primeros años estuvieron centrados en intentar fortalecerme y hacerme seguro con mis funciones y mis conocimientos. Al principio tenía que organizarme para cubrir de entrada lo básico. Cuando cogí seguridad en mí mismo aparecieron otros matices.
 
Más allá de cuidar
Esos matices me hicieron tener una mirada diferente, estar siempre al día, en la vanguardia de mi trabajo . Me considero un hombre vocacional y esa palabra tiene toda la fuerza. La vocación como sentimiento, el talante como una forma de estar ante la vida. He sido un hombre privilegiado porque ser enfermero me ha posibilitado por el conocimiento que he adquirido del ser humano ha ido enriqueciendo mi ser como persona. Enfermería, es mi profesión y ha entroncado con mi ser, me ha condicionado en positivo, me ha sesgado, dado un estar, me ha enriquecido sobremanera mi condición de persona. No todos pueden decir eso de sus profesiones.
 
La formación como premisa
Estaba imbuido en la necesidad de la formación para estar al día. Me pongo al servicio, y ya luego voy evolucionando con la profesionalidad de la enfermería, me entrego a trabajar haciendo y dando cursos… Eso ha sido una constante en mi vida profesional y ha sido una exigencia, fruto de un valor/ la responsabilidad de la persona que he tenido entre las manos, a la que no le podía dar cualquier cosa, algo ético moral. No todo vale. Los primeros años fueron para afianzar las funciones concretas de tu trabajo. Siempre he trabajado en hospitales y Medicina Interna ha sido mi referente. No sé lo que es otra cosa. 25 años en cuidados intensivos. De los servicios que me dió a elegir la dirección de enfermería-eso ahora sería un lujo inexistente- yo elegí la Medicina Interna en ese hospital De Dios, que acogía a toda la indigencia.
 
¿En qué servicios ha estado?
En el Civil pasé por Respiratorio, Oncología, Digestivo…hasta ese momento todo era técnico, todo eran herramientas para actuar en los distintos servicios. Me dió mucha riqueza, una gran visión enfermera. Fui asentándome y eso me fue dando una seguridad. Al unísono en el Civil se comienza con el Proceso de Atención Enfermera, PAE, que empieza a dar sus primeros frutos en la sala 11. Pasamos al Hospital Clínico, y seguí en Medicina Interna con buenos profesionales. Continúo con esa formación hasta que se abre la Unidad, el módulo de cardiología de UCI en 1999. No tiene nada que ver con lo que había hecho antes. La responsabilidad se duplica, las exigencias del paciente de UCI se redoblan… había estado en contacto con la muerte, pero como parte de la cotidianeidad por la edad, era la etapa vital que tocaba.
 
¿Cómo aterrizó en la UCI?
Oncología hubiera sido mi ojito derecho sino me hubiera decantado por la UCI. Me encanta todo lo que sea caminar con el enfermo. Eso me lo dió trabajar en Oncología, cuando vi a gente joven morir. Fue en la UCI cuando tomo consciencia de otra forma de morir. Como en todos los servicios, primero empecé a profundizar en los protocolos técnicos y entonces me di cuenta de esa doble exigencia de responsabilidad que me llevaba a profundizar más en lo que es el ser humano como condición, la vulnerabilidad de su condición y el hecho del dolor y el sufrimiento en la vida de toda persona. Al pasar de una ratio de 30 pacientes, a la UCI con 2 pacientes por enfermero me llevó más a personalizar , y a entrar más en el ámbito del paciente. Me obligó porque en mi desde niño había una sensibilidad hacia la persona, y de repente me encuentro, cuando yo veo al paciente vulnerable, tan frágil, que está en tus manos en cuerpo y alma. Los de la Planta tenían determinada autonomía, pero desde ahí empieza mi trampolín en compaginar la humanización y la técnica. La necesidad de profundizar en las limitaciones del ser humano. Luego me decanté por la humanización, porque ya dominaba la técnica.
 
Llega la humanización de los cuidados
En un momento determinado , la jefa de servicio propone al supervisor hacer una actualización de los protocolos de la Unidad. Se hace una comisión interna, formada por el jefe del servicio, médicos residentes, trabajador social, psicólogo y enfermeros y auxiliares de enfermería. El primer día se exponen y había uno que había conectado conmigo. De los protocolos Había uno que me había impactado desde que llegue: era todo el proceso de morir y el desenlace final. La experiencia reflejaba la UCI como un sitio muy inhóspito, con barreras arquitectónicas para la despedida del proceso. La presencia de la familia era como una carga vivida por el personal. El enfermo seguía la línea de morir en soledad. Teníamos un protocolo de “limitación del esfuerzo terapéutico”, sin profundizar. Al mismo tiempo aparece el tema de la muerte digna en la sociedad como un boom que obliga a ponerse al día. Aparece la bioética. Un año estuvimos profundizando todo lo que tenía que ver con la muerte y el equipo lo estuvo evaluando. El objetivo de la UCI es reinsertar al paciente hasta que se decide la irreversibilidad. Ese año se aclararon conceptos. Siempre agradeceré a Gómez Rubí, un gran médico de la UCI, sus experiencias narradas en su libro que fue el referente bibliográfico y nos ayudó muchísimo a clarificar el paciente dentro de esa Unidad, el pronóstico, profundizar en cuáles eran los cuidados del proceso de morir, el desenlace final, y la postmuerte , que de forma empírica lo veníamos haciendo, y en ese momento se puso sobre papel. Aglutinó todo lo que hacía referencia al morir en una Unidad de Cuidados Intensivos, incluyendo sufrimiento, dolor, muerte.
 
¿Qué se empezó a poner en práctica?
Es un sitio donde se trabaja mucho, con muchísimo estrés, de una forma muy rápida y eficaz en el momento. La presencia de la familia, antes de la revisión de protocolo, se veía como un obstáculo. La flexibilización de horarios en los cuidados para eliminar el dolor, la toma de constantes continua, la analítica sistemática… El médico determina que ahora son los cuidados propios de confort. La despedida de la familia fuera de esos momentos críticos de mucho trabajo… Poco a poco se fueron imbuyendo de estos cuidados de humanización en la etapa final tanto médicos como enfermeros. Cuidar no es lo mismo que tratar. En ese momento hay una sensibilización, una apuesta de caminar juntos enfermeros y médicos, la jefa del servicio, doctora De la Torre, creía en la humanización de la UCI y potenció que nos pusiéramos al día, sobre la limitación del esfuerzo terapéutico y la humanización de los cuidados en terminología enfermera.
 
Técnica vs humanización
Te voy a responder desde mi última etapa en UCI. En el mundo sanitario hay mucho peligro de olvidar que el centro del sistema sanitario es el paciente. La gente coloquial de la calle te lo dice: “cómo puede ser si tenéis en vuestras manos personas”. Se da la paradoja que siendo el objetivo de nuestra función atender a las personas, hay un peligro doble de que lo perdamos de vista desde que entra una urgencia.
 
¿Cómo se compagina técnica y humanización?
El cuidar va unido a una evolución en todos sus aspectos intrínsecos. Los enfermeros tienen que estar al día y ofrecer calidad. Si no conozco como enfermero los protocolos, las arritmias… no me sirve para nada ser buena persona. Tengo que tener mis conocimiento científicos, para eso soy enfermero. Esto va unido a la otra parte importante que es la humanización, y me la da el cuidar a personas.
 
¿Qué es ser un buen profesional?
Que tú domines los aspectos técnicos centrados en el cuidado y que no se olviden tus funciones volcadas en ser persona. ¿Qué significa ser persona? Y eso lo conectaba con la humanización. Esa fue la fundamentación de mi trabajo. Todos los que trabajamos con personas tenemos que potenciar los dos aspectos. Sales de un restaurante a gusto con el trato y con la comida de calidad ¡ojo! La calidad de la asistencia. Un hospital que cura al paciente pero que no se ocupa de su persona, se vuelve inhumano y comienza a sembrar la deshumanización. Has tratado mal al paciente, no has cumplido al 100% con la parada cardiaca. Manejar una máquina de hemofiltración lo hace un mono o mi sobrino de 9 años, pero él jamás podrá saber cómo se trata a un paciente en esa situación porque no tiene los conocimientos. Una cosa es lo técnico, hay profesionales cautivados por lo técnico, esto les ha satisfecho y han dejado de lado el cuidar, se han focalizado ahí. Me parece bien montar la maquina, pero si tu paciente está con la boca seca desde hace horas no eres un buen profesional.
 
¿Actualmente qué gana?
Por mi experiencia con los alumnos tutelados, cuando sales hay más enfoque hacia lo técnico. Ahí está la inseguridad como me pasó a mí. Cuando esto se ha asumido es cuando viene el reto de decantarte por lo técnico o la humanización. Puedo decir que todavía lo técnico y lo científico incide mucho en el profesional, en detrimento de una minusvaloración de los cuidados enfermeros. Una indicación médica totalmente técnica adquiere un valor que no se le da a un apoyo psicológico al morir. En cambio si actúas con psicoterapia pasa desapercibido, la relación de ayuda; nos va la vida en la administración de medicación. Hemos avanzado en lo teórico conceptual, pero en el paso a la práctica todavía deja mucho que desear.
 
¿Puede compartir alguna de las terapias que ha empleado?
La musicoterapia la hemos utilizado de forma no estudiada u organizada. La empecé a estudiar y la incorporé de forma práctica y nos dio un resultado tan importante para los enfermeros como a los pacientes. Lo necesitábamos para hacer más llevadero el trabajo. Junto con un amigo poeta, hicimos 5 CDs con música más dirigida a los profesionales y se beneficiaban los pacientes también, música en la que lo melódico dominaba. “Selecta” le llamamos y recogimos los gustos de los profesionales. Desde Sting, a Rihanna o Vivaldi. Si a mi paciente le gustaban los boleros buscábamos temas adaptados. La enfermería tiene en su mano tantas posibilidades…
 
Un consejo para los que llegan
Creo que lo biológico debe ser una parte importante pero deberíamos desde la Facultad potenciar lo que realmente es el objeto de nuestra profesión que nos va hacer autónomos y nos quitará ese ser apéndice de otros: es el cuidar. Necesitamos creérnoslo, llevarlo a cabo. Son muchos los trabajos que hemos hecho con la jefa de servicio. Hemos trabajado como equipo porque había un enfermero referente de cada paciente y cuando había pruebas se nos preguntaba por nuestra posición en base a nuestros conocimientos. Eso ha costado mucho conseguirlo. Estamos en el mismo barco. ¡Qué bonito cuando en la vida nos ponemos de acuerdo! Ese miedo a tomar decisiones sobre el paciente desde el punto de vista enfermero, todavía pesa. Primero hay un trabajo personal, de reflexión y formación profunda. Para fundamentar esto: Los enfermeros para que tengan autoridad y se escuchen dentro del equipo interdisciplinar, tienen que estar formados. Al margen de dominar una técnica determinada, deben dominar lo relacional emocional psicológico y, también muy importante, son los valores y las creencias. Un cóctel fundamental. Viviendo eso tienes que pasar a la acción. El enfermero tiene que estar continuamente demostrando desde la fundamentación de lo que hace, tiene autoridad y está a la altura de su profesión. Creo que es la única forma de que se nos escuche y que consigamos en el hospital autonomía profesional y autoridad. Cuando vivas los valores serás coherente con lo que dices y con lo que haces y esa autenticidad te hace tener un estatus frente al otro. Hasta hace muy poco se decía que había que “luchar en contra de” y yo digo que hay que estar “A favor de nosotros mismos”, no en competición con los compañeros médicos, psicólogos o trabajadores sociales para confrontar”. Tengo que formarme en condiciones para poder estar a la altura dentro del equipo. Todavía nos falta creernos que los cuidados son nuestros y tenemos que demostrar que cuando el enfermero se forma, es coherente, es creativo, sabe lo que dice… Entonces el compañero médico no se vuelve tu enemigo sino que empieza a comprender tu singularidad en el equipo. En nosotros mismos está el problema, si es que lo hay.
 
Y ahora que se jubila, ¿seguirá vinculado a la profesión?
Se cierra un libro y pienso empezar con otro, pasar página. De entrada no quiero engancharme a nada con la sanidad. Prefiero centrarme en otras áreas de mi vida como viajar, aprender inglés.
 
“A partir de ahora agregaré al corazón que me entregaron una vez, mi gorro de quirófano que me siga recordando de forma fecunda que viví con intensidad, alegría profunda y entrega generosa. Así procuraré siempre mi vocación enfermera. Gracias a todos mis compañeros que me acompañaron en esta travesía de mi vida, por haberme enriquecido con sus afectos, conocimientos y objetivos compartidos. Este libro se cierra y otro se abre ojalá los que vengan lo lean con el mismo ímpetu, fuerzas y sentido profundo. Gracias por haber compartido conmigo tu forma de ser y tu persona. En la amistad. Fer”.
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