IN MEMORIAM DEL ENFERMERO MANUEL RODRIGUEZ ARANDA

09-01-2019 Rafael Infantes

El enfermero, ya jubilado, Manuel Rodríguez Aranda, fallecía el pasado 27 de noviembre de 2018. Tras su paso por el Hospital Civil, el Hospital Regional y el Clínico, son muchos los compañeros de profesión que lo recuerdan y Su compañero Rafael Infantes hace su semblanza . Descanse en paz.

 
 
A nadie se le puede enseñar quién es, como mucho, quiénes son sus padres, su ciudad y la historia de su gente. Aunque lo que importa, no es saber quién eres, sino ser tú mismo. Tú lo fuiste.  
 
A veces, con relativa frecuencia se adquieren, se hace nuestro, se heredan los caracteres de un pueblo, de una ciudad, de un barrio.  
 
Quizás de ahí provenía tú fuerza, tú valentía, como un baluarte defensivo aislado, como un sistema de fortificación que comienza en la zona urbana y termina en ti, como torre albarrana.  
 
La lealtad, el honor, la amistad, como algo sagrado que hay que respetar por encima de todas las cosas, quizás la heredaste del origen árabe de tu barrio.  
 
Y antes , los cimientos romanos, las pilas de fermentación del garun te inculcaron la necesidad de ser el núcleo, la columna vertebral de tú familia.  
 
Y mucho antes, los asentamientos fenicios, te confirieron su bondad, su adaptabilidad, su capacidad de confraternizar con todos, la amabilidad que irradiabas.  
 
Quizás, todo este conjunto sea el resultado del carácter heredado de tú Coracha natal.  
 
La forma más hermosa que hay de escribir la historia es vivirla. Tus gestos así lo rubricaron.  
 
La forma más útil de aprender la historia es hacerlo a través de sus huellas. Tus pacientes dieron fe de ello.   Porque así está más clara, comprensible y a la vista, así se convierte en habitual, doméstica y humana, en carne y sangre nuestra. Tus descendientes son el ejemplo.  
 
Toda tu vida fue como un puzle, un conjunto de piezas troqueladas que se enlazan entre sí, aunque cada una es bien diferenciada de las demás, complementarias, pero solo eso.  
 
Cuando el salitre de la infancia se desprendía de tú piel, y cuando la adolescencia empezaba a despertar, fue entonces, cuando con escasas horas de diferencia, te llegaron noticias terribles. Tus padres se fueron. De las dos, supiste salir.  
 
Lo terrible sobreviene cuando se destruye lo construido, cuando se improvisa el dudoso presente, cuando se desprecia la piedra angular y se edifica sobre arenas movedizas. Ese no fue tú caso. El embrión de la "clave " ya estaba tallado.  
 
A pesar de la juventud, la decisión de un muchacho maduro, digno, cariñoso, de veinte años, que ardía por dentro y que por amor no quería sufrir. Asumió su herencia nómada y con su iniciada familia, se puso el mundo por montera. De esa forma te convertiste en alguien, que de poder ser desterrado de su comunidad, pasaste a ser estandarte, bandera de la misma.  
 
Tus gestos, tus sentimientos, tú compromiso con la vida ha servido, nos ha servido a todos. Cuando los actos no se reducen a vagos testimonios verbales, a sucesos más o menos recordados, como piezas de museo, sino que son algo vital, fértil y cálido al alcance de todos, nos muestran el verdadero valor de tú existencia.  
 
El que ama, como tú lo has hecho, permanece en todo lo amado, tus hijos, tú familia, tus amigos somos el resultado. Has dejado de ser, de existir, para ser y existir más.  
 
Como si fuese la primera vez o la última vez, como si fue la vez única. Te transformaste en tú propio destino a fuerza de luchar con él.  
 
La caballerosidad de la que siempre hiciste gala, la expusiste a lo largo de toda la vida- En tú hospital, en nuestros hospitales-, a lo largo de todo el desafío, le propusiste a tú destino, te propuso, un juego con la vida. Un tablero de sesenta y cuatro cuadriculas blancas y negras. En ellas, treinta y dos figuras entablaron una batalla a muerte.  
 
Cumpliendo su misión, solos- los dos- ya en el tablero, el destino- tú destino- te lanzó el jaque mate. Horrorizados, asistimos a esa extraña partida a la que todos jugamos y acabamos por perder.  
 
Pero aunque parezca una controversia. El que ama, como tú lo has hecho, permanece en todo lo amado, ¡Tú estás vivo y sigues aquí!  
 
Rafael Infantes
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