ANTONIO CORDERO: “NUNCA TUVIERON EN CUENTA EL VALOR DE LA ESCUELA NI SE PREOCUPARON POR ELLA”

10-08-2018

Antonio Cordero era el nieto del carnicero que tenía el local frente al Cuartel de la Guardia Civil de Rincón de la Victoria. Entre los 11 y los 15 años se fue a vivir con él y, dada la insuficiencia cardiaca y respiratoria que padecía su abuelo, necesitaba que el practicante le administrara en vena un broncodilatador. Fue así como empezó a conocer la enfermería.

 
“Me enseñó a poner inyecciones y un médico, que vivía en El Cantal, venía a llevarse las tripas para practicar cómo coser, así que yo me fijaba muy bien”. Después “tuvo la suerte”, como vicepresidente del Consejo General de Enfermería (CGE) y presidente del Colegio de Enfermería de Málaga, de imponerle la medalla al mérito en la profesión, cuenta Cordero.
 
Reconoce que era muy mal estudiante, así que sus padres lo pusieron a trabajar en una oficina cuando su abuelo murió y simultáneamente terminó el Bachiller nocturno. Con 16 años ingresó en la Escuela de ATS del Hospital Civil, pese a que hasta el 24 de diciembre no cumplía los 17 obligatorios para formalizar la matrícula. Perteneció a la cuarta promoción masculina, porque entonces estudiaban por secciones, y hace un par de años celebró con sus compañeros el 50 aniversario.
 
Si le preguntamos por esos primeros recuerdos como estudiante en la Escuela, no tiene duda: “El olor tan característico a limpio a la entrada del Hospital. Después supe que era antiséptico”. “A mano izquierda estaba otorrinolaringólogia, a la derecha el servicio de Urgencias, que para mí fue extraordinario porque trabajé mucho tiempo allí...y tampoco se me olvidará la primera vez que me puse una bata blanca, a los 4 días de estar allí, cuando empezábamos las prácticas y no como ahora”, dice Antonio y asegura que “el Hospital era su casa. Éramos una familia”.
 
Ha tenido mucho trabajo toda la vida, “he sido pluriempleado”. Estuvo en el pabellón 22, que era el de pacientes con enfermedades venéreas y lepra. “Me dieron un permiso especial para hacer guardias en Urgencias y allí aprendí mucho porque el Hospital se ocupaba de toda la provincia y también de los pacientes que llegaban de las Casas de Socorro. He sido profesor de Microbiología y en la especialidad de Análisis Clínicos. También estuve como ATS de empresa en CITESA, en el laboratorio de Carlos Haya…”, explica Cordero.
 
Le interesaba “mucho la profesión” y a raíz de un artículo que leyó, en el que le pareció que un ATS no utilizaba los términos adecuados, dada la formación recibida, se adentró en trabajar y mejorar la enfermería desde la organización colegial, siendo muy joven.
 
Fue presidente del Colegio de Enfermería de Málaga en el año 74/75 y “empezamos la guerra con la Administración,” porque en los años 70 la Ley daba margen para que ATS pasara a ser Formación Profesional y no estudios universitarios, dada su extensión. “Nosotros ya estábamos en la Facultad de Medicina y lo que queríamos era ser independientes. En el 77 lo hicimos, así que nos salió bien”, indica Cordero.
 
En esos años de presidente en Málaga se construyó la actual sede colegial, que anteriormente era de alquiler, en calle Comedias. También recuerda que se pusieron en marcha varios cursos de Empresa, el convenio con la Universidad para la especialidad de Salud Mental y más medidas para la Escuela de Matronas de Carlos Haya, también menciona la lucha por dignificar el sueldo de los enfermeros que trabajaban en la asistencia a Guardia Civiles y maestros de los pueblos. “Siendo presidente en Málaga creamos la asociación a nivel andaluz, que sería el germen del actual Consejo Andaluz de Enfermería. Desde Málaga nos movimos porque era una necesidad unirnos. La primera medalla de honor del CAE me la dieron a mí”, dice orgulloso Cordero. También recuerda cómo consiguieron la unificación colegial porque antes estaban separados por sexos y las matronas también estaban aparte.
 
En el 81 creó y presidió la Asociación Española de Análisis Clínicos, con la que se organizarían 30 congresos. Durante su presidencia se llevó a cabo la creación de la unidad docente de la especialidad de Análisis Clínicos en Córdoba, Huelva, A Coruña y Santiago de Compostela.
 
En el 84 dimitió en el Colegio de Enfermería de Málaga, porque estaba de vicepresidente en el CGE. En dos ocasiones estuvo en la vicepresidencia del CGE y durante ese tiempo solo venía a Málaga para dar sus clases. Formó parte del Consejo Asesor de la Secretaría de Estado de Salud, también estuvo en el Consejo de Sanidad de la Junta Preautonómica.
 
Fue también presidente de lo que se llamaba la Previsión Sanitaria de ATS, que funcionaba de Mutua para los enfermeros jubilados… y formó parte de un sinfin de reuniones que han compuesto la historia de la profesión y la sanidad española, en definitiva.
 
El 5 de septiembre del 86 dejaba su cargo a nivel nacional en el mundo de la enfermería para meses después presentarse como candidato a la alcaldía de Málaga por Alianza Popular. “Obtuvimos 7 concejales y empezamos en la oposición hasta el 95. Cuando entramos a gobernar, pasé a ser Primer Teniente Alcalde. En el 2011 me jubiló la enfermedad pero antes estuvo presente en muchas comisiones y reuniones, “sin perder de vista la enfermería”, asegura y añade que sigue estudiando a diario y leyendo artículos de revistas internacionales para seguir al día de lo que acontece en el mundo sanitario.
 
Vamos terminando la entrevista y es obligado preguntarle por el cierre de la Escuela. No tiene pelos en la lengua y sentencia: “Para mí fue una patada en los huevos”. “No se tenía que haber cerrado nunca. Podía haber continuado como adscrita. Teníamos una escuela magnífica, referente a nivel nacional. Fue el paradigma de la enfermería en España. Y el cierre ha sido como fundir una buena alhaja de oro y destrozarla”, concluye.
 
Asegura que le llamaron muchos profesores y compañeros de profesión, por sus vínculos con el partido gobernante, pero él no quiso meterse, porque estuvo muy molesto. “Ni los que estuvieron antes, ni los que están ahora o los que llegarán a la Diputación, sabrán el valor que tenía esa Escuela, porque había que estar allí. Nunca evaluaron el valor ni se preocuparon por ella”, concluye.
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