VIOLENCIA EN LOS CENTROS SANITARIOS
(Publicado en Diario Sur 21 / 02/ '03)

                       Asistimos a un aumento de delitos de agresiones  en los centros sanitarios. Existen factores de riesgo como señala el Consejo Internacional de Enfermeras tales como la disponibilidad de medicamentos o dinero en los hospitales, el movimiento con escasas restricciones del público en los mismos la existencia cada vez mayor de grupos organizados, personas que abusan de las drogas o del alcohol, miembros de las familiares y visitantes insatisfechos, largas esperas en las salas de urgencia, e impaciencia por obtener cuidados. Bajos niveles de dotación de personal en los hospitales, recortes de personal.,trabajo aislado con los pacientes durante los exámenes o el tratamiento, destino en centros alejados o sectores de gran delincuencia, como las comunidades desfavorecidas, falta de formación del personal para reconocer y tratar los comportamientos agresivos y violentos, trato con pacientes, familias y visitantes que sufren estrés, dolor, pena o frustración con los servicios de salud .

          Hasta ahora el Colegio había tratado y trata con la mayor confidencialidad a cada uno de ellos. Principalmente porque el agredido y su familia pide protección, se preocupa de las consecuencias de la denuncia, tiene miedo de volver al trabajo, se siente utilizado incluso como "hecho noticiable" y por otra parte hay un deber de poner en conocimiento de la opinión pública este fenómeno. Ya en 2001 tratamos monográficamente este tema en el Día Internacional de la Enfermería, en el que tuvimos ocasión de  conocer testimonios de compañeros que habían sido agredidos y enviamos a todos los centros las recomendaciones que internacionalmente se dieron para evitar en lo posible las actuaciones violentas, pensando no sólo en los profesionales sanitarios, sino en los enfermos y sus familias para favorecer un entorno lo más seguro posible.

        Últimamente esas agresiones están siendo más numerosas durante la dispensación de  metadona, sustancia sintética de efectos análogos a los opiáceos, que tiene lugar en los centros de salud. No conviene olvidar que el programa que trata de insertar a estas personas precisa del concurso de otras instituciones, profesionales, del afectado y su familia. También conviene destacar que en ese largo camino del programa hay personas que están trabajando, padres y madres de familia que están comprometidos por salir algún día de su dependencia, familiares que  a diario en el seguimiento de este proceso. Como programa de salud  pretende ser algo más que la prescripción y dispensación de la dosis de metadona correspondiente, sino una intervención más global, ya sea desde la cobertura vacunal, el estado de salud en general, el cumplimiento terapéutico de otros tratamientos  (tuberculosis, sida ).

        Sentado en primer lugar que hay enfermos antes que toxicómanos o extoxicómanos, si es cierto que entre ellos hay quiénes tienen conductas o comportamientos en ocasiones agresivos entre ellos o con los profesionales sanitarios. Comportamientos de unos pocos y que aleatoriamente se producen en cualquier centro. Esa violencia pone en riesgo la vida de profesionales y resta fuerza a todo el interés que ponen en la buena marcha del programa todos los agentes implicados. Que unos centros dispongan de vigilancia y otros no para lo mismo, no se entiende sino desde el punto de vista económico y es injusto y arriesgado. No se arregla nada justificando la violencia dentro de un clima general, porque no solo se está obviando el problema sino que resta motivación, aumenta el stress y ocasiona respuestas movidas más desde el miedo que desde la razón para contribuir a la mejor marcha del programa.

          Debe existir por tanto vigilancia durante la dispensación, detección de los que tienen conductas agresivas y trato discriminatorio para lograr su evitación, apoyo a los que cumplen y se esfuerzan en seguir su compromiso, que son los más numerosos Los profesionales deben sentirse seguros y los pacientes recompensados en su esfuerzo

 

Juan Antonio Astorga Sánchez
Presidente del Colegio Oficial de Enfermería de Málaga.