Las pequeñas grandes cosas

Diario Sur - 18/10/2004

 

Las enfermeras, como garantes del cuidado en lo relacionado a las necesidades básicas de las personas que atienden, deben tomar parte activa en las decisiones sobre ubicación de pacientes al objeto de su mejor atención
HACE unos días daba cuenta este periódico de la difícil e indigna situación que tuvo que pasar un paciente en un hospital público durante sus últimos días de vida, fundamentalmente por el ruido y la pérdida de intimidad para él y sus familiares. No es este un hecho aislado y son estas y otras molestias más extendidas de lo que nos pueda parecer. Hemos llegado a un punto que si pretendiéramos, como parece lógico, que los hospitales se organizaran para atender necesidades básicas de las personas, relacionadas con cuestiones tan elementales como el sueño, el descanso, la seguridad, la intimidad, la autoestima... se formaría una revolución en el propio funcionamiento de los mismos. Curiosamente por extensión calificamos como hospitalaria a cualquier persona o lugar que nos acoge y nos hace sentirnos bien.

Hay varios factores que pueden ser causa de estos problemas:

La extendida permisividad y descuidado control sobre las causas que provocan molestias (ruidos, visitas masivas o intempestivas..) favorece situaciones muy negativas que traen consigo falta de descanso, irritabilidad, imposibilidad o dificultad incluso para satisfacer necesidades fisiológicas y en cualquier caso agresiones contra su recuperación. Si alguien quiere comprobarlo lo tiene fácil y verá por ejemplo cómo por la tarde hay habitaciones a tope de visitantes, ruido, gente en los pasillos, etc. Muchos enfermeros se sienten desbordados, impotentes para atender a los pacientes que tienen a su cargo y los pacientes se sienten muy incómodos.

La organización de la atención sanitaria está basada en una concepción que tiende a dividir a las personas por aparatos y sistemas: si es por su hígado está encamado en lugar diferente que si su dolencia es cardiaca, o si tiene un problema oftalmológico. Si añadimos la imparable superespecialización podemos convenir que la división es aún mayor: la atención queda así 'tan troceada' que semejante puzzle convertido en citas, pruebas, etc... garantiza un itinerario más interminable si tiene más de un proceso y una gran dificultad de ubicación si requiere hospitalización.

Los servicios médicos están en atención a estas segmentaciones, más orientados a sus necesidades internas, de su especialidad, y se muestran deficientes cuando pretenden atender a los pacientes en su globalidad. De hecho ocurre frecuentemente que pacientes con situaciones clínicas y de dependencia muy distintas, incluso opuestas, sean 'vecinos' de habitación. En este sentido conviene saber que al no prestar atención suficiente a personas con estos problemas (no olvidemos que la mayoría de los encamados son mayores) la dotación de estos servicios, el soporte para estos cuidados es insuficiente y es cada vez más habitual que se requiera de un acompañante, familiar o alguien que presta este servicio de forma remunerada y sumergida/consentida por todos.

La adscripción de camas, depende del 'órgano' afectado y secundariamente de la adscripción del servicio de admisión y del médico de turno. En contadas ocasiones existe un consenso previo con quiénes van a cuidarlo durante su estancia para decidir su mejor ubicación.

La organización parece obedecer más a criterios de producción industrial (intervenciones, pruebas, tratamientos) que de confort (a éstos les llama 'pequeñas cosas). La lista de espera, los números cobran una importancia que nadie discute, pero parece existir sólo eso, incluso dentro de la discusión política; que ahora incluye las células madre y el gasto farmacéutico y sin embargo estos aspectos se tienen muy en cuenta por los ciudadanos... ¿ qué tontería es esa del confort del paciente?, me decía el otro día alguien que a los pocos días buscaba la mejor habitación posible para un familiar cercano. No es casual que los periódicos abran información destacada a aspectos relacionados con 'esas pequeñas cosas'. Sea el proyecto de creación de habitaciones individuales, mobiliario, uso de Internet...

No es fácil reconducir esta tendencia y conseguir que los hospitales sean hospitalarios que es lo que deberían ser, aparte de incorporar todos los avances, fundaciones para su desarrollo, tecnología punta y toda la investigación aplicada posible, pero es necesario un cambio de tendencia que tuviera en cuenta, entre otras, las consideraciones siguientes:

La dirección y planificación estratégica, desde todos los niveles de decisión, debe creerse que el paciente es el centro de atención y por tanto favorecer y ejercer la concurrencia de todos los actores para hacer lo posible para que se encuentre en el mejor entorno. Si las distintas unidades son 'poderes fácticos', que se disputan la asistencia de 'mi paciente', seguiremos por el camino equivocado.

La alta especialización, complejidad y segmentación de los problemas de salud según Aparatos y Sistemas exige la mayor coordinación para evitar duplicidad y/o deficiencias durante la estancia hospitalaria y precisan de un elemento coordinador que supervise y asegure en todo lo que sea evitable que no haya días innecesarios añadidos a las estancia hospitalaria.

Sigue siendo un objetivo estrella la implantación de habitaciones individuales y con la posibilidad de acompañante y también la adecuación de personal para dar respuesta a los problemas de dependencia.

Las enfermeras, como garantes del cuidado en lo relacionado a las necesidades básicas de las personas que atienden, deben tomar parte activa en las decisiones sobre ubicación de pacientes al objeto de su mejor atención. Los Servicios deben ser más receptivos a estas demandas y reconocer en estos profesionales su autoridad respecto a lo que diga la enfermera en función de cómo el paciente ha de ser cuidado y reforzar todos los aspectos que durante su estancia sean positivos en ese sentido. Las Direcciones de Enfermería tienen una gran responsabilidad y un gran reto al respecto.

Aparte del número de ingresos, reingresos, altas, estancias, intervenciones... un paciente atendido con los mejores medios y en el mejor entorno tiene indudablemente mejores posibilidades de afrontar su proceso, de recuperarse, y si fuese el caso de ser atendido en sus últimos días rodeado de la mayor dignidad y cuidado posibles.
JUAN ANTONIO ASTORGA SÁNCHEZ
PRESIDENTE DEL COLEGIO DE ENFERMERÍA DE MÁLAGA