CRÓNICA DE UN VIEJO PRESIDENTE
Pocas veces, este viejo presidente había ejercitado una satisfacción tan intensa, como la que experimenté en la conmemoración del 110 aniversario de nuestro Colegio de Enfermería, así como la inauguración de su nueva Sede.
Recluido en la habitación donde guardo los álbumes de mis recuerdos, me pregunté a qué era debida esa alegría, y quizás esa reflexión fue lo que me hizo pensar trasladarla a estas cuartillas. Tan sólo me asaltó la duda de saber si mis recuerdos impregnados de una emoción tan sentida, sería capaz mi torpe pluma de expresarlos, para compartirlos con todos mis compañeros en este acto de comunicación espontáneo.
Quizás el más importante de todos los logros conseguidos hasta el día de hoy, ha sido sin duda el haber conseguido la independencia profesional, una independencia que muchas generaciones anteriores habíamos soñado y querido alcanzar , propósito que no adquirimos hasta décadas más tarde, gracias a las nuevas generaciones de profesionales.
Hubo una época donde la profesión parecía estar aletargada, quizás bajo algún influjo de nefastas consecuencias, creándose por lo tanto un complejo de inferioridad. De ahí, la inmensa satisfacción que os expresaba al principio, al ver que las voces que nos representan hoy, ya no están moduladas con quejas, ni revestidas de hipocresías medrosas, que ocultaban a espíritus mezquinos y serviles.
Hoy por suerte para nuestra profesión han sido sustituidas por otras modestias que se muestran orgullosas, precisamente porque saben de su propio proceder, hecho que encierra una de sus más preciadas virtudes.
Al leer con atención a los compañeros representantes oficiales de nuestra profesión, refiriéndonos los logros conseguidos en diversas materias, quisiera rescatar de mi memoria y resaltar aquel RD de Ordenación de las Enseñanzas Universitarias, que sentaron las bases de nuestro futuro profesional.
Tengo que decir que siento una gran nostalgia, al evocar como testigo de nuestra historia, el recorrido que hemos llevado a cabo en todo este proceso, donde se han ido asentando los pilares de esta transformación, basado no solo en el trabajo práctico, sino en la adquisición de conocimientos científicos, terapéuticos y el desarrollo de diferentes especialidades en el ámbito de nuestra profesión.
Sin embargo quiero resaltar, para que no quede en el olvido, la indiferencia desconsoladora con que se acogía al Practicante en los medios rurales, a pesar de su alarde de superación y que han ido escribiendo y formando parte de la historia de la Enfermería, acumulando actos anónimos, muchos de ellos de sublime sencillez humana.
Cuando dejo correr mi memoria, recuerdo aquellas luchas por nuestra supervivencia, sobre mediados del siglo pasado, cuando demostrar que el practicante de aquella época, no podía seguir siendo un simple realizador de prácticas, que poco a poco iban cayendo en desuso, necesitábamos ampliar conocimientos y perfeccionarnos para conseguir ser un buen instrumento al servicio de la población.
Sin embargo en esa época había quién opinaba deliberadamente que nuestro grado sanitario debía estar relacionado con la precaria pobreza de nuestros discutidos conocimientos. Recuerdo haber leído en una revista sanitaria de aquella época, un comentario que aún me llena de indignación al recordarlo y decía más o menos así “Para que quiere usted saber eso si no tiene una base suficiente”. Ante aquellas apreciaciones siempre me sublevé, pues no existe ser humano que pueda vetar a su semejante en la noble tarea de crecimiento personal y de adquisición de nuevos conocimientos.
Siempre se ha dicho que los títulos académicos enseñan y dan conocimientos a la par que limitan y separan especificando funciones. El período concreto en el que situo la crónica de estos hechos estuvo considerado en ciernes, pues se obviaba que cualquier profesional podía leer el “Vander” y sentirse autorizado para opinar clínicamente. El criterio de muchos de los Licenciados en medicina, era que nuestro título era el único que no tenía derecho a presumir ni a dilatarse en conocimientos y que estábamos condenados a practicar la rutina cotidiana de nuestros quehacer profesional. No importaba que miles de compañeros hayan estado años en un quirófano, en clínicas, o en Centros Rurales.
No importó nunca que muchos de los médicos que después fueron premiados con el Nóbel estuvieran deletreando la cartilla Palau, cuando una inmensa mayoría de nosotros estábamos cansados de conocer la técnica de Barini o de Koch.
También es cierto que algunas Instituciones Sanitarias de esa época, seguían oponiéndose a que un colectivo como el nuestro mejorara su formación, y adquiriésemos nuevos conocimientos, con el fin de mejorar y cubrir los vacíos existentes.
Por ello, nuestra profesión que durante muchos años, se sustentó sobre las raíces del renunciamiento, de la abnegación y de la vocación, necesitaba proyectarse dentro y fuera de sus ámbitos, coordinando sus actividades en pro de la entonces denominada clase sanitaria.
De esta forma se comprende y asimila aquel adagio que se pierde en la lejanía del principio del derecho, una de las fuentes esenciales de nuestra civilización y en el que se sustenta los cimientos básicos de la Sociedad: “Un solo hombre no es nada” ya lo dijo Sto. Tomás de Aquino, en su perfecta visión de la condición humana. Nos expresa la imperiosa necesidad de la agrupación, demostrada tanto por la limitación de las fuerzas morales, que resaltan la inclinación natural del ser humano a amar y a buscar la compañía de sus semejantes. Pero para lograr esto es necesario el reconocimiento de los derechos y las exigencias de los deberes y proclamar esto, es algo primordial.
Este viejo practicante, enamorado de la enfermería, quisiera resaltar dentro de todos estos logros conseguidos, además de los mencionados de nuestra autonomía profesional y el Estatuto de la profesión, aquellos proyectos que hacen referencia al futuro de nuestra profesión como la licenciatura, los master o el doctorado.
Al escribir estas líneas no puedo dejar de recordar con nostalgia, aquella lucha que los Colegios Profesionales manteníamos para conseguir uno de nuestros más anhelados deseos, que no era otra que la regulación y funciones de los ATS/DUE. Esta regulación se consiguió y nuestro colectivo escuchamos y leímos los primeros ecos de una reforma de nuestra carrera, primero la de los ATS y posteriormente la de los DUE, los cuales llenaron de gozo y alegría a miles de compañeros, cuyos espíritus se encontraban marchitos, fruto del desencanto y la marginación.
Si esta reforma constituyó un gran avance en nuestras reivindicaciones, aún lo fue más el Decreto del 23 de Julio (2128/77) por el cual los ATS/DUE se integraban en las Universidades, convirtiéndose estas en Escuelas Universitarias de Enfermería y donde se preveían los estudios de Especialización de dichos Diplomados.
También recuerdo con mucha alegría, porque no decirlo, otra Orden del Ministerio de Universidades e Investigación, por la cual se estableció provisionalmente mientras se regulaban, con carácter definitivo, los Estudios de Especialización de las Escuelas Universitarias de Enfermería, por la cual los Diplomados podrían realizar la especialidad (los mismos estudios para los ATS con el mismo régimen académico y efectos al término de sus estudios).
Toda esta estructuración debería llevarse a cabo en varios niveles que no voy a citar aquí para no hacerme muy reiterativo, pero si quiero recordar, que los estudios de especialización debían ser compatibles con estar desempeñando un trabajo. También recogía la participación de los profesionales, en la programación y en el desarrollo de los mismos a través de las organizaciones Colegiales y las Asociaciones Científicas.
El Decreto para la regulación Jurídica de las especialidades del Diplomado en Enfermería fue elaborado conjuntamente entre el Ministerio de Educación y Ciencia y el Consejo General, en Diciembre del 1982 y Enero del 1983. Sin embargo, una vez más, todos estos proyectos se vieron truncados al conocer el contenido de un nuevo informe emitido por el Consejo de Universidades fechado, si mal no recuerdo, el 25 de Octubre del año 1988, por el que se aprobaban las directrices del nuevo Plan de los Diplomados en Enfermería, con una reducción que difería en muchos aspectos, con el elaborado en su día, entre el Ministerio de Educación y Ciencia y nuestro Consejo General (82/83).
El citado Informe suponía una gran pérdida de salidas profesionales en puestos de trabajo. El desequilibrio que se produjo, entre la teoría y la práctica, obstaculizaba el desarrollo teórico de la profesión. Resultaba por lo tanto incomprensible, por lo simple de su naturaleza. Había quienes seguían opinando interesadamente muchos años después que estos profesionales tenían que estar a la altura de sus conocimientos.
El contenido del citado Informe, cayó como una verdadera bomba, venía a echar por tierra todas las luchas e incluso las ilusiones que todos habíamos puesto en estos proyectos, dando lugar a crear un clima de auténtico clamor de todos los profesionales que utilizaron todos los recursos disponibles para expresar su malestar: radio, prensa, televisión, marchas, sentadas, etc.
Los que vivimos esa situación no nos cabía la menor duda de quién podía estar detrás de este nuevo Informe. El problema era el auge obtenido y las salidas laborales que habían supuesto las Escuelas de Enfermería frente al deterioro y la falta de salida de otra carrera Sanitaria Superior. Quizás esta fuera la razón por la que se recortaron estas reformas en muy diversas formas, con el fin de dar salida y a otras muy castigadas por el fantasma del paro. Era cierto que se necesitaban soluciones y respuestas, pero no a costa de un colectivo que se había ganado su reconocimiento y su prestigio a base de tesón y esfuerzo. Por ello no era justo, el hacer mermar unos logros conseguidos a pulso con el trabajo diario de muchos años.
Hoy al leer el Editorial del Boletín Informativo de nuestro Colegio, firmado por nuestro Presidente Sr. Astorga quedo de nuevo gratamente sorprendido y alegre por los avances conseguidos y el futuro que se proyecta sobre esta profesión, prueba de ello es ese RD de Ordenación de la Enseñanza Universitaria firmada el 27 de Octubre de 2007.
A mi, que ya vivo de mi pasado profesional, al escribir este artículo y mirar hacia atrás con objetividad, sin iras ni apasionamientos, me sería fácil componer una copiosa lista de demandas interpuestas, que nos indicaron en otros tiempos, que los problemas de antaño nos obligaban a permanecer en un permanente estado de alerta, era una vigilancia agotadora, que nos hacía vivir siempre en tensión, luchando contra quienes pretendían adquirir rango y categoría superior por la puerta falsa a costa del prestigio y del buen nombre de unos profesionales, con derechos, actitudes y facultades bien determinadas que regulaban nuestras funciones.
La verdad que al ir desarrollando este trabajo mis inquietudes profesionales han vuelto a resucitar. Por eso, vuelvo a repetir la satisfacción experimentada en el 110 Aniversario y animar a las nuevas generaciones a seguir con nuevas aspiraciones y proyectos, pues el futuro profesional es, como en todos los órdenes de la vida, la Especialización.
Un futuro fácil de adivinar porque es inquietud colectiva, donde se dirigen las proyecciones individuales de todos esos futuros Diplomados. No debemos de olvidar, que cuando un hombre o una mujer se entregan íntegramente en una función específica, esta no puede nunca fallar.
Hemos de considerar que el hombre o la mujer detenido o detenida en su pasado se convierte en estatua de sal, en letra impresa, sin valor presente, muere para la vida y sigue su curso inalterable, porque la vida es trayectoria irrenunciable, donde las detenciones caprichosas son con frecuencia fatales. Es bueno recordar para no olvidar, que la vida de los hombres y mujeres destacados en cualquier área o actividad, sea política, social, o profesional, necesita el transcurrir de los años para poder ser enjuiciada o referida. Sólo el tiempo y la necesaria separación de accidentales episodios, confieren a los hechos su verdadero sentido y trascendencia, pasiones sosegadas, juicios ponderados. Valoraciones de situaciones sociales y políticas van mostrando los sucesos con su verdadero significado.
Por eso este veterano, hoy ya anciano, invita a todos los Diplomados (muy próximamente graduados) de hoy que han de sustituir la práctica trillada, por el estudio detenido de la técnica aplicada, el empirismo arcaico por la capacitación que adorna el dominio perfecto de los últimos adelantos. Convertir nuestro pasado, un pasado ciertamente glorioso, en historias viejas con caminos nuevos. Estos caminos que se irán abriendo, anunciando rutas prestigiosas, ante los ojos esperanzadores de los más abnegados servidores de la sanidad.
Por ello os invito a seguir colegiados y al mismo tiempo derruir, aquellas voces de desintegración colegial. ¡Sin desmayo y unidos sigamos la ruta emprendida por nuestros antecesores!. No seamos charca estéril e inamovible que por la acción del tiempo es absorbido por el sol sin provecho para nadie. Por el contrario, ansiemos ser cual río caudaloso que a su paso por llanuras, pueblos y ciudades fertilicen con la fecundidad de sus actos, esos campos de la humanidad doliente, sedientos siempre de comprensión y de remedios para el dolor de su ser, que en definitiva es la suerte de la medicina.
Termino esta crónica, dirigiéndome a todos los que de una forma u otra, hemos consagrado parte de nuestras vidas a esta profesión de Enfermería y que hemos salvado muchas veces, con una época en que todo ser humano de acuerdo, con sus capacidades, asumirá parte del trabajo común y poseerá lo suficiente para las necesidades de su cuerpo y las exigencias de su salud.
Soñamos también con esa época en que no habrá sufrimiento innecesario, ni muertes prematuras, en que el bienestar del ser humano será la más alta preocupación.
Soñamos con todas esas cosas y con la satisfacción de ayudar a que se produzcan en beneficios de los que vivan después de nosotros. Sólo espero, como ya he dicho alguna que otra vez, que “Los sueños de los viejos acabaran convirtiéndose en realidad”.
Juan Vázquez Díaz