"LA ÉTICA DEL CUIDADO"
- D. Antonio Aranda Otero
- "Conferencia Clausura del Curso Académico de la E.U.E. Virgen de la Paz de Ronda"
“Cada mañana, la Amistad recorre el mundo despertando a las personas para que sea felices, escribía Epicuro”
Puede que en esta feliz sentencia se encuentre lo esencial de lo que , con esta intervención, os quiero transmitir.
En primer es mi intención dejar meridianamente claro que los protagonistas de este acto son los alumnos, los que en un futuro, más o menos próximo, se van a convertir en enfermeras/os con una grandiosa responsabilidad y compromiso para lograr un futuro de CUIDADOS y es por ello que , de entrada, les invito estas sencillas y cordiales reflexiones.
El título, LA ETICA DEL CUIDADO, obedece a una trayectoria ya consolidada en nuestra Escuela , con una decidida y consolidada apuesta por la Humanización de la Salud y las cuestiones tan latentes y cuestionantes, como son las referidas a la Bioética. Así lo avalan las diversas actividades que desde hace muchos años se han venido realizando y las celebraciones de la Primera y la Decimoprimera Jornadas Nacionales de Humanización de la Salud que se han celebrado en esta ciudad.
El ser humano, a diferencia de otros seres vivos, , es indefectiblemente moral y determinados contenidos de la misma pueden y deben ir cambiando a lo largo del tiempo y al ritmo de las circunstancias económicas políticas e ideológicas de cada momento y lugar.
Cuando analizamos una realidad y la clasificamos, lo hacemos para entendernos y para marcar los acentos diferenciadores entre una realidad y otra. Esto nos ayudará a replantearnos la realidad de nuestra profesión y la necesidad de ir acercando sus postulados y desafíos a los planteamientos no de una sociedad en cambio, sino de un cambio de sociedad, que es lo que , sin duda, estamos viviendo.
Concretando algo más, cabria afirmar que normalmente en la relación profesional-paciente, se suele colocar como parte fuerte y determinante de ella al profesional y como parte débil y subordinada al paciente.
Pero, en mi opinión, esta perspectiva debe ir modificándose recíprocamente
ETICA Y PROFESION
La profesión de la Enfermería, se centra en el cuidado y la promoción de la salud, entendida ésta como la posibilidad de desarrollar las capacidades y potencialidades de cada ser humano y llevar adelante su proyecto vital, incluso en situaciones de deterioro físico o psíquico, más o menos pronunciado.
Y en este contexto, la ética profesional (deontología) , en nuestro campo de actuación y competencias, es un saber y una praxis aplicados, cuyo objetivo es la búsqueda de la felicidad, entendida como bienestar y satisfacción de los objetivos justos y deseables.
Y por eso “el cuidado” es un valor que implica y requiere una exquisita sensibilidad y un especial interés para detectar, reconocer y atender las necesidades de las personas, que se nos encomienda.
Desde estas premisas, aparentemente tan obvias, pero con demasiada frecuencia olvidadas, me atrevo a plantear algunos principios irrenunciables en nuestra vocación
- 1. El objetivo de la ética de la Justicia es la resolución de lo conflictos, a tenor de la ley positiva vigente: El de la ética del cuidado, el de atender al otro, en concreto y en todos los componentes que, como persona humana, le atañen y configuran
- 2. La fundamentación de la ética de la Justicia es la igualdad; la de la ética del cuidado es el reconocimiento de lo diferente y su especificidad
- 3. El criterio de la ética de la Justicia es la imparcialidad, el de la ética del cuidado es la responsabilidad
- 4. El ámbito en la etica de la justicia es lo universal e impersonal; en la del cuidado es lo particular e individual
- 5. El instrumento de la etica de la Justicia es la razón; en la ética del cuidado es la relación. Somos seres en relación; para- los demás.
Adaptando el leguaje médico que emplea Diego Gracia a la profesión de la enfermería, un acto de cuidado no se justifica moralmente por la simple indicación profesional (no-maleficencia y beneficencia) sino también, y principalmente, por las opciones de la persona a la que se atiende ( principio de autonomía e individualización) y por las consideraciones socio-económicas (principio de justicia)
Cuando se trata de unir teoría y práctica, Wolf hace la siguiente afirmación:
“Los médicos, la mayoría de las veces, a través de instrumentos externos (cirugía, tratamientos o regímenes concretos) amplían los recursos que provienen del entorno.
Las enfermeras/os utilizando habilidades de comunicación y relación así como actitudes empáticas amplían los recursos internos de la persona” .
Desde el punto de vista ético podría llegar a la conclusión de que cuidar, en su más amplio y rico sentido de la palabra, es reconocer en el otro su dignidad y su diferencia
Lo central de nuestra tarea no es la enfermedad, el deterioro o el desvalimiento, sino la acogida de las personas. No cabe un término medio, o acogemos o excluímos a las personas; en el mundo de la enfermería, como en muchos otros, o procedemos por exclusión- lo que siempre deberíamos evitar, o por inclusión, que es lo , desde cualquier aspecto, primordial y deseable.
Eso sí, y ya lo hemos afirmado: la clave estará en acoger a las personas con problemas, no sólo los problemas que presenten las personas: Acoger a fondo, no es una actitud y una habilidad fácil. Supone acoger también las preocupaciones y angustias de la persona y no siempre estamos dispuestos a utilizar esa tecnología ( aunque este término se nos antoja demasiado aséptico) humanizadora.
BIOETICA- HUMANIZACION
La Bioética, en su acepción más amplia significa “Ética de la Vida”.
Javier Gafo dice que el problema Bioético fundamental es precisamente el de la Humanización de la Salud. Se trata de ahondar en la cuestión de como humanizar la relación entre aquellas personas que tienen conocimiento científicos ( en este caso relacionados con la enfermedad) y el ser humano, frágil, y frecuentemente angustiado, que vive el duro trance de la enfermedad toca las fibras más íntimas de su ser personal. Este si que es el problema que surge en el día a día y que afecta a millones de personas, sin duda muchas más de las que recurren a la terapia génica.
Por su parte Javier Barbero afirma que la bioética ha surgido por razones muy diversas. Entre otras, por dar una respuesta a las situaciones críticas y límites que han planteado las innovaciones científico-técnicas, la ingeniería genética o la atención a personas en estado vegetativo permanente, el aborto o las limitaciones del esfuerzo terapéutico que, digamos, serian aspectos bioéticos de baja frecuencia y alta intensidad. Sin embargo también ha de ocuparse de lo que afecta a la ética de lo cotidiano, o sea a los conflictos de alta frecuencia y baja intensidad, por ejemplo la confidencialidad e intimidad de las personas a las que cuidamos, del vestido personalizado y no estandarizado de los demenciados, de la distribución de unos recursos limitados de manera justa y equitativa ( microdistribución por parte de todos los profesionales sanitarios), de los cuidados del material quirúrgico, de la distribución y administración adecuada de la medicación, del uso correcto y adecuado del material fungible.
En último término, nace la Bioética ante un mayor reconocimiento de la autonomía de los sujetos, pero no sólo en las decisiones excepcionales, como puede ser el tan debatido y complejo asunto de la eutanasia, sino en algo más sencillo, como la simple elección de una excursión de un centro sociosanotario o acceder a su historia clínica
BIOETICA
Fue un Oncólogo norteamericano, Potter, el primero en alertar sobre la creciente divergencia entre los ámbitos científicos y humanísticos y los riesgos que esto acarrea. Más adelante, un paso decisivo podemos situarlo en el Informe Beltmont, de 1978, donde se enuncian los principios de respeto a las personas, beneficencia y justicia para proteger a los seres humanos que participaban en ensayos clínicos y en otras investigaciones biológicas y médicas.
Comienza entonces el principalismo de la Bioética y en 1979 Beauchamp y Childress asentaron los cuatro principios de la Bioética: No-maleficencia, Autonomía, Beneficencia y Justicia . Si bien la Beneficencia y la No-maleficencia se contemplan ya en el siglo V antes de Cristo y han sido los prioritarios para juzgar las actuaciones de los sanitarios, es desde hace varias décadas cuando se contemplan, dentro del fundamento moral de los actos sanitarios, los valores axiales de autonomía y justicia. Actualmente se plantea la posibilidad de añadir otro principio que garantice y da un valor añadido al que ya tiene nuestra sanidad pública, es el de sostenibilidad.
EVOLUCION DE LAS PROFESIONES SANITARIAS
Diego Gracia, en su libro “Como arqueros al blanco”, en el capitulo de la ética de las profesiones sanitarias, afirma:
“Vivimos en una sociedad en las que las relaciones humanas han sufrido un importantísimo proceso de horinzontalización. Las relaciones verticales del tipo mandato obediencia, han ido cayendo paulatinamente a favor de otras más igualitarias y participativas, esto ha pasado en todas las relaciones humanas. Frente al modelo mandato sumisión, ha ido imponiéndose otro basado en el binomio participación-colaboración. La toma de decisiones es ahora un proceso conjunto, en el que nadie manda del todo y tampoco nadie obedece del todo. Frente a mandato responsabilidad compartida.
En el paradigma clásico se suponía que los profesionales no tenían que contar con la autonomía del sujeto, sino que era el profesional quien podía, debía y tenía que definir lo que era beneficioso para el paciente. Lo que ahora se dice es que debemos respetar la autonomía de los sujetos y que sean ellos, con nuestra ayuda, los que definan su beneficencia. Es decir, hacerlos responsables y participes en sus decisiones; lo que se va concretando en aspecto como el del consentimiento informado o relaciones profesionales y el de conveniencia de sujetos exentos de paternalismo.
Otro tema importante es el secreto. El paradigma clásico decía que los profesionales debían guardar el secreto de las cosas que vieran u oyeran en el curso de la actividad profesional, actualmente no se considera así. Y esto sucede porque el secreto profesional no es primariamente un deber profesional, sino un derecho de todo ciudadano, derivado de los derechos de intimidad, la privacidad y la libertad de conciencia. Este derecho genera un deber correlativo en todo aquel que tiene acceso a la intimidad o privacidad de los sujetos.
En la evolución de las profesiones sanitarias debemos atender a la nueva perspectiva que plantea el procedimiento deliberativo, como método más adecuado para fijar políticas y establecer objetivos y valores institucionales. No conviene confundir este proceso con la capacidad de decidir. Las instituciones están estructuradas jerárquicamente y son los superiores jerárquicos a los que corresponde esta tarea. Pero sí ha llegado la hora de aceptar que hemos de elaborar un nuevo modelo de entender la ética profesional. Ese modo, a mi entender, es el deliberativo ,que se esta convirtiendo , paulatinamente, en el método por excelencia de la reflexión ética. Este puede ser el método adecuado para el resurgimiento y regeneración de las éticas de las profesiones sanitarias.
ALGUNAS CONCLUSIONES:
Partiendo de una consideración antropológica, que no niega ni la fragilidad ni la potencialidad del hombre, tanto en el papel que le que le corresponde formalmente el papel de cuidador, como en el que le corresponde el de cuidado. Un hombre dotado por tanto de capacidad y de límites en el uso de la racionalidad y de la relación.
Cuidar significa reconocer, activamente, en el otro su dignidad y su diferencia
La ética del cuidado se fundamenta en la dialéctica fragilidad/responsabilidad.
El sufrimiento es una realidad de la condición humana, desde la que se concreta la experiencia de la vulnerabilidad.
Cuidar desde la excelencia supone ser fiel a los bienes internos de la profesión, traspasando los mínimos de la beneficencia y la justicia.
Partiendo de la experiencia de la deshumanización de la praxis formal del cuidado profesional, entendemos que la excelencia exige utilizar la relación terapéutica como autentica tecnología punta para la dinámica de los cuidados.
Cuidar desde la relación supone incorporar conocimientos, habilidades y actitudes con los que no necesariamente nacemos. Se necesita entrenamiento y una sistemática y continua supervisión explícitos.
La ética del cuidado no se olvida ni relega a un segundo plano la ética de lo cotidiano, pues entiende que hay cuidados habituales, de baja intensidad pero de alta frecuencia, que necesitan ser desarrollados con alta calidad para no caer en la inmoralidad. En el quehacer diario, en la vida corriente de los cuidados, se debe introducir una legítima y necesaria aspiración a la excelencia.
El profesional, atendiendo a los valores internos, a las metas socialmente aceptadas de su profesión, precisa desarrollar ciertos hábitos inexcusables. A estos hábitos, que llamamos “virtudes”, los griegos denominaban excelencias.
En definitiva debemos recuperar la presencia real y no solo formal en el sentido de disponibilidad y accesibilidad; la conciencia frente a la estructura y el un sistema social y sanitario que no excluya, en la practica, los cuidados a los más necesitados, al tiempo que se denuncie y desenmascare la carencia de medios sociosanitarios. Por último hay que recuperar la inocencia primordial frente a la persona que sufre.
Todo trabajador debe aspirar a la excelencia; en nuestro caso a una etica de máximos, no exigida sólo legalmente, sino además demandada, moralmente y en conciencia, a titulo individual.
Deseamos que la reflexión aquí presentada sirva al menos para aumentar nuestro grado de implicación profesional, social y personal en una causa que probablemente sea la mas digna, humana y noble : la cuidar, teniendo en cuenta los principios bioéticos clásicos de beneficencia y no maleficencia, e incorporando, de una manera decidida, los de justicia y autonomía de las personas.
La proximidad y la relación; la humanización de la salud, suponen un grado de afecto hacia el enfermo, que es capaz de revitalizarlo. Estas palabras, enormemente alentadoras, del pionero de la logoterapia, Víctor Frankl, desde su cruel experiencia en Auschwitz, , pueden servir de despida y síntesis de cuanto , modestamente, he intentado transmitir: El hombre, aún desposeído de todo, puede conocer la felicidad si contempla al ser amado. En la mayor desolación...cuando el único objetivo es limitarse a soportar los sufrimientos con dignidad, el hombre puede, aún, realizarse en la contemplación amorosa del ser querido.(El hombre en busca de sentido). He dicho.